P1 S2: Semana 5 Teóricos y vuelta a San Rosendo
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Durante esta semana estuvimos en semana de teóricos desarrollando diferentes trabajos en los demás ramos. De igual forma en taller los diferentes trabajos los estuvimos desarrollando en el horario que se desarrollaban las clases, para suerte de mía y de mi compañera el tema a trabajar era relativamente fácil a comparación de otros, ya que tenía pocas variables a investigar y a poner en valor.
Uno de los trabajos, el cual era administración y contrato, ya lo habíamos terminado con mis compañeras la semana pasada, nos faltaban unos detalles, pero la mayoría estaba listo, esto nos dio más libertad para terminar el resto de los trabajos, como el de Ciudad y Territorio, para el cual dispusimos dos días de la semana para finalizarlo.
Justo cuando estábamos en eso, en la facultad se estaba celebrando el 18 chico, lo chistoso es que nosotros estábamos en la sala 103, desde donde se veía toda la actividad que se estaba desarrollando mientras seguíamos trabajando. Ese día tuvimos que ir después a la Biblioteca Central, y lo malo fue que terminé saliendo muy tarde. Como soy de coronel, se me hizo difícil volver a mi casa esa misma noche. Por suerte mía tuve dónde quedarme, pero fue curioso cómo las horas pasaron tan rápido. Fácilmente podríamos habernos quedado hasta las doce sin darnos cuenta.
El día siguiente teníamos la presentación del trabajo y además un certamen en la mañana, aunque lo de la presentación no era seguro ya que era al azar, estuvimos igualmente preparados para cualquier cosa. Al final no nos tocó, pero la probabilidad es mayor en el siguiente trabajo.
Esta semana fue intensa, pero también muy productiva. Entre trabajos, presentaciones y certámenes, los imprevistos y cansancio, como el quedarme hasta tarde o no poder volver a mi casa, me di cuenta de que el esfuerzo compartido con mis compañeras siempre es más llevadero, y que, incluso en los días más largos, también hay espacio para disfrutar del proceso.
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Pasamos buena parte del tiempo en las ruinas, explorando más a fondo en comparación con la vez anterior, descansando y observando los vestigios de la era ferroviaria. Luego fuimos al balneario de agua potable, un lugar ideal para almorzar si uno lleva comida, ya que había bancas y mesas de madera ancladas al suelo con cemento, imposibles de mover, pero bien ubicadas junto al río Laja.
Almorzamos y después hicimos una pequeña fogata controlada, porque hacía mucho frío y el cielo estaba nublado. Más tarde salimos a recorrer la comuna y aproveché de marcar los locales comerciales que estaban abiertos. Por desgracia no pude recorrer más, ya que para mis amigos la parte más importante, después de todo lo anterior, era el mirador, así que terminamos yendo directo hacia allá.
La caminata fue horrible, porque se me había olvidado que se podía llegar al mismo punto por unas escaleras que eran mucho menos matadoras que la tremenda pendiente que subimos. Mis amigos me regañaron, obviamente, pero igual se pasó bien durante la subida. Y al final, la recompensa valió totalmente la pena, así que nadie se quejó demasiado después de ver las vistas del mirador. colocamos nuestros lazos, que compramos a media con una amiga, nos columpiamos, nos sacamos fotos y después de un rato nos devolvimos, nos fuimos a un cerro cercano a descansar para luego ir a comer e ir a esperar el tren.
Volver a San Rosendo esta vez con mis amigos fue distinto. Ya no lo miraba solo desde el trabajo o el análisis, sino desde las experiencias y la buena compañía. Me di cuenta de que cada lugar se siente diferente dependiendo de con quién se comparte, y que a veces lo más valioso no es solo el destino, sino las risas, el cansancio y los momentos a lo largo del día que quedan en el camino.
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