P1 S2: Semana 4 Salida a terreno, San Rosendo
Con mi compañera nos tocó analizar el último tema de la pauta: las funciones urbanas relevantes. Para ello fuimos recorriendo distintos puntos de la comuna, así que iré describiendo en el mismo orden en que realizamos el recorrido.
San Rosendo vivió un auge ferroviario muy marcado, que impulsó la economía, y el desarrollo urbano de la comuna. Desde la misma estación actual se podía ver que la entrada al lugar, la cual estaba abierta, por lo que nos dirigimos a recorrerlo. Al entrar, la sensación era inexplicable, estar frente a un espacio cargado de historia, donde cada estructura cuenta algo del pasado que marcó a tantas personas. No podía evitar imaginar cuántas historias se vivieron ahí, y cómo hoy solo quedan las ruinas de todo ese pasado. El recinto está conformado por la casa de máquinas, la maestranza, oficinas, el galpón de reparaciones, la carbonera, torres de agua y otros edificios que dan cuenta de la importancia que tuvo este sitio en el siglo XIX.
Luego de un largo recorrido por el centro, me despedí de mi compañera, ya que tenía que irse más temprano. Para continuar con el recorrido me acompañó una amiga de otra sección. Dicho esto, nos dirigimos hacia el Mirador Centinela.En el camino nos encontramos con muchas calles de grandes pendientes, que se cruzaban entre sí, escaleras que suben y bajan, con atajos que facilitaban el recorrido y rodeadas de mucha, pero mucha naturaleza. Para nuestra mala suerte, tomamos una calle equivocada que nos dejó bastante lejos de la principal, pudimos preguntar a una pareja de abuelitos por algún atajo y, al final, eso resultó ser un acierto, ya que nos permitió descubrir buenos terrenos. Llegamos justo a un sector casi vacío que conectaba con la calle principal y además había un paradero y una pequeña plaza de juegos. A veces perderse es parte del recorrido, nos lleva por lugares inesperados y nos permite descubrir lo que de otro modo nunca hubiéramos visto.
Estando ya en el camino hacia el Mirador Centinela, eran las 15:33 y el sol nos pegaba directamente. No era un calor abrazador, pero la radiación estaba muy fuerte. En el trayecto nos encontramos con un mirador más construido, que desde lejos se veía bonito. Sin embargo, al llegar nos dimos cuenta de que no tapaba ni un cuarto del sol. Las vistas eran hermosas, pero el solazo que había no nos dejaba disfrutarlas del todo.A unos metros se encontraba un Monumento a los Derechos Humanos, dedicado a los ejecutados y desaparecidos durante la dictadura en San Rosendo y laja. Unos metros más abajo vimos unas cruces apiladas al costado del camino, las cuales corresponden a una tradición muy arraigada en la comuna. En el trayecto hacia el cementerio, al ser un camino con una gran pendiente, las familias solían detenerse al llegar a la parte alta para descansar del esfuerzo físico en un lugar conocido como “El Descanso”. Allí dejaban una cruz de madera como señal de haber acompañado al difunto en su último viaje. Es una costumbre que también se repite en muchas zonas rurales del país, ya que el descanso no solo se daba en lugares con pendientes, sino también en los largos caminos que había que recorrer para llegar a los cementerios.
Para llegar al Mirador Centinela tuvimos que pasar por una zona un poco más rural que el centro. Ya no había pavimento, las calles estaban menos consolidadas y la pendiente parecía no terminar nunca. Al seguir caminando, el esfuerzo se recompensó con unas vistas espectaculares, desde ahí se podía apreciar una extensión muy grande del rio Biobío a ver el cementerio de la comuna, ubicado hacia abajo del cerro.
Ya desde la cima del cerro se podía divisar a lo lejos la comuna de Laja, la planta de celulosa y el puente por donde cruza el tren. De San Rosendo no había mucho que destacar más allá de su morfología, cómo se ubica y cómo las viviendas se van adaptando al imponente cerro. A la vista se sumaban también el río Biobío y el río Laja.
Sinceramente, las vistas eran sorprendentes. A lo lejos también se podía ver el parque eólico que está antes de Los Ángeles y, además, un volcán. Todavía no sabemos con certeza cuál podría ser, pero especulamos que, por la posición, podría tratarse del volcán Antuco.
Sin olvidar, por último, el mirador Centinela, el cual tenía una estructura con columpios adornados con cintas de colores que, por años, la gente ha ido colocando, no solo ahí, sino también en otras estructuras del lugar. Este detalle le daba un carácter especial y, al mismo tiempo, el columpio invitaba a mirar el paisaje de una manera distinta. Además, el mirador contaba con un espacio para descansar y tomarse fotos, con una silla gigante, unas alas, un banquito y una pasarela un poco peligrosa.
Al final del viaje se sienten tantas emociones distintas, desde la estación ferroviaria que aún guarda la memoria de un auge pasado hasta las calles con pendientes que nos llevaron a perdernos y, al mismo tiempo, a descubrir nuevos lugares. Al llegar al mirador, todo lo vivido se reunió en un solo componente, la vista completa de San Rosendo urbano, el cual nos permitió ver desde otra perspectiva todo el recorrido que habíamos hecho para llegar hasta donde estábamos. mirar desde lo alto no solo cambia el paisaje, también cambia la forma en que comprendemos cada paso del camino.
Bueno eso, ¡nos vemos en el próximo blog!
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Hola Sofía, me encantó la forma en que relataste tu recorrido; se nota que lograste conectar la historia de San Rosendo con la experiencia del lugar. La descripción del complejo ferroviario me hizo volver a imaginarme allí; me pareció un espacio muy valioso en cuanto a historia, aunque algo olvidado. Tus fotos estan super!
ResponderBorrarHola Sofia
ResponderBorrartu relato transmite muy bien como mirar San Rosendo, va más allá de una simple vista, es una forma de conectar con su historia, su paisaje y la emoción del recorrido. Consigues que uno no solo observe, sino que sienta la esencia de San Rosendo.